Publicidad

LIBRO ELECTRÓNICO: EL FRÍO SUPLANTADOR DEL PAPEL

LIBRO ELECTRÓNICO: EL FRÍO SUPLANTADOR DEL PAPEL

Por: Carlos Herrera Toro

Fue una tétrica mañana cuando las portentosas colecciones de libros, polvorientos y ajados, fueron absorbidas por una tétrica memoria almacenadora, la misma que, a pesar de ser minúscula en tamaño, tenía el poder de abrazar toda una biblioteca, grandiosa y descomunal, en unos cuantos milímetros de silicio, los cuales reproducían el contenido de ellos casi a la perfección, y aun más, podían ofrecer toda una serie de comodidades y libertades, que el anterior libro físico era imposible de proponer para sus navegantes.

Y se acabó de sopetón la odiosa tarea de cargar por todos lados esos pesados fardos de hojas, pues ahora, los pocos gramos que pesaba la Tablet o el celular inteligente, eran los cuales tenía que soportar el lector, mismo que, por ese alivio de peso, empezó a amar aquel dispositivo, que podía ofertar el mismo conocimiento que el libro físico, y que además contenía herramientas útiles que le permitían al lector, hacer resúmenes, marcar las hojas importantes, sacar textos, hasta acompañar de música la actividad lectora; todo en una gama de oportunidades en tan poco espacio, un paraíso ofertado en un pequeño trozo de tecnología.

Pero, ¿acaso toda esa maravilla digital era una perfección sublime que no tenía antítesis, ni fallos en su desarrollo? Pues no, ya que así como el libro digital tenía sus virtudes, también adolecía de defectos, y es que lo principal que se extrañó del libro físico, fue ese olorcillo a papel que tanto embriagó a los seres humanos por generaciones, y que con su narcótico enloqueció a todos los que se atrevían a aspirarlo mientras volteaban las páginas. Otra cuestión que se descubrió fue que en realidad el libro digital no era tan práctico como parecía, ya que para interactuar y releer textos en los que había una referencia, era menester acordarse el número de la página donde se hallaba la cita para poder dirigirse a ella, cosa que con su antecesor no era menester, sino que sólo se necesitaba ojear un poco el texto para activar la memoria y dar así con lo buscado. Había también el problema que cuando no había suministro de energía no se podía leer en el dispositivo, suministro que no se necesitaba para el libro físico.

Otro de los problemas, el más importante y desastroso, fue el hecho que los autores fueron vulnerados en sus derechos, pues ahora, con una herramienta de bluetooth, o por las redes sociales, era muy sencillo pasarse los textos enteros, sin costo alguno,  llegando eso sí a más lectores, pero perjudicando a aquella persona quien se la pasó días, meses o años investigando sobre su tema, y gastando tiempo y dinero en prepararlo, y es que a éste no le llegaba ni medio centavo por la adquisición de su trabajo.

Revistas especializadas manifiestan que esta problemática es tan grande y no se puede hacer mayor cosa para remediar la situación, ya que la misma, por su naturaleza, es incontrolable. En Ecuador, la prohibición de reproducción de obras nacionales generalmente nuevas es una de las medidas que se ha erguido como una panacea para el hurto de textos, mas, ésta no se la puede aplicar para la reproducción de clásicos del país, porque de ellos ya existe transcripción en PDF, que aunque sea de manera oculta, se difunden y transmiten de Tablet en Tablet, o de celular en celular, sin que el autor pueda detener la situación, ni hacer algo para evitar el perjuicio.

Y aquí aparece un dilema muy discutible, en donde, por una parte, el libro electrónico permite llegar a más lectores, y por otra, se perjudica con ello a los autores del texto con su reproducción, y entonces, ¿qué es lo que debe hacer un lector honesto? ¿Se debería desperdiciar la tecnología por cuidar las finanzas del autor? Esas son cuestiones que cada persona debería tomar en cuenta para su decisión, Por lo pronto, el libro físico y el electrónico coexisten cual antagonistas, cada uno luchando por su propio frente, pero los dos motivando a que la gente tome la lectura como un hábito cotidiano… CONTINUARÁ.

Publicidad
Publicidad