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INTERNET: EL ASESINO DE LA LECTURA … Por: Carlos Herrera Toro 

INTERNET: EL ASESINO DE LA LECTURA 

… Por: Carlos Herrera Toro 

Desde que las bibliotecas entraron a terapia intensiva y quedaron al borde de la inanición por falta de alimento de nuevos visitantes, internet se convirtió en aquel lugar donde los estudiantes podían acudir para la aprehensión de nuevos conocimientos, y el desarrollo de sus destrezas investigativas, empero, este nuevo lugar no pudo cumplir con el objetivo, ya que el sistema – muy útil y novedoso – vició a los estudiantes con sus diversas herramientas que aunque facilitaron su labor investigativa, los hicieron cultores de la mediocridad y la holgazanería, pues se redujo el arduo trabajo que antaño tenían que realizar los investigadores en recolectar, clasificar y analizar textos, a la fácil y burda tarea de copiar con un mouse un documento entero sin siquiera conocer las ideas que componían el escrito, es decir, haciendo que el conocimiento circule sin llegar a la mente de los estudiantes, cosa que es el principal objetivo de la investigación.

Y entonces los libros empezaron a cerrarse, porque ya no se necesitaba pasar horas y horas en búsqueda de datos en sus páginas, ya que internet daba la facilidad de teclear palabras clave y realizar la magia de con ellas encontrar todo lo que se requería, y ya no era menester ni siquiera copiar a mano la información, sino que con sólo ordenar con un click a la impresora, la máquina plasmaba en papel lo copiado, cosa que antaño significaba horas de esfuerzo en la transcripción de datos, a veces de repetición de los mismos e incluso de jaquecas por la actividad. Poco a poco los ordenadores y sus sitios de búsqueda fácil, atraparon a la sociedad y la hicieron sirvientes de sus infames deshonras. El libro, entre tanto, empezaba su camino glauco hacia la muerte.

Cuando se ideó internet, allá por los años de la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente se lo introdujo en el ámbito de la cotidianidad de las personas, se creyó que éste sería un coadyuvante al desarrollo de la cultura y que la gente se haría mejor lectora ya que tendría a la mano mucha más información que en siglos pasados, pero no fue así, e internet sucumbió ante la antítesis de su objetivo, víctima de su nefando espejismo, pues en lugar de elevar el acervo de la gente, promovió una involución cultural, debido a que sus herramientas permitieron engañar a los docentes con trabajos que podían pasar por propios sin haber realizado ni el más pequeño esfuerzo para llevarlos a cabo, o con deducciones escritas que podían pasar por nuestras, sin que nosotros hayamos ni un ápice razonado sobre ellas. La sociedad y la educación empezaron a ser parte de un plagio intelectual muy marcado, que provocó que empecemos a perder hasta lo más elemental de nuestra decencia.

Pero, ¿fue todo culpa de internet? No, porque este sistema se ha colocado en la palestra como un arma que puede muy bien servirnos para defendernos de un malhechor así como para asesinar a un inocente, todo dependiendo del uso que se le dote. Dicho de otra manera, internet puede ser tanto un camino hacia la sabiduría (como lo concibe la gente intelectual), así como un atajo hacia la ignorancia (como lo asimila el mediocre).

Culpable o no culpable, internet ha empezado a acabar con la lectura, y su esencia ha empezado a acibarar su corazón, aunque existimos ciertos sujetos que aún nos deleitamos percibiendo ese olorcillo a papel que tanto nos enamora de los libros físicos o ponemos nuestra atención en las frías pantallas de los dispositivos digitales para leer libros en PDF, pero ya somos menos que antes, y por ello es nuestra inefable preocupación, porque podemos dejar a nuestra muerte, la extinción de los lectores en el planeta… CONTINUARÁ…

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